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Hijo de Dios, en el Antiguo Testamento, es un título dado a los ángeles (cf. Dt 32:8; Job 1:6), al pueblo elegido (cf. Ex 4:22; Ose 11:1; Jer 3:19; Sir 36:11; Sab 18:13), a los hijos de Israel (cf. Dt 14:1; Ose 2:1) y a sus reyes (cf. 2Sa 7:14; Sal 82:6). Significa entonces una filiación adoptiva que establece entre Dios y su criatura unas relaciones de una intimidad particular. Cuando el Rey-Mesías prometido es llamado «hijo de Dios» (cf. 1Cr 17:13; Sal 2:7), no implica necesariamente, según el sentido literal de esos textos, que sea más que humano. Los que designaron así a Jesús en cuanto Mesías de Israel (cf. Mt 27:54), quizá no quisieron decir nada más (cf. Lc 23:47).
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