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Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico «hijo de David» prometido por Dios a Israel (cf. Mt 2:2; Mt 9:27; Mt 12:23; Mt 15:22; Mt 20:30; Mt 21:9. 15). Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho (cf. Jn 4:25-26; Jn 11:27), pero no sin reservas porque una parte de sus contemporáneos lo comprendían según una concepción demasiado humana (cf. Mt 22:41-46), esencialmente política (cf. Jn 6:15; Lc 24:21).
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