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La consagración mesiánica de Jesús manifiesta su misión divina. «Por otra parte eso es lo que significa su mismo nombre, porque en el nombre de Cristo está sobre entendido El que ha ungido, El que ha sido ungido y la Unción misma con la que ha sido ungido: El que ha ungido, es el Padre. El que ha sido ungido, es el Hijo, y lo ha sido en el Espíritu que es la Unción» (S. Ireneo de Lyon, haer. 3, 18, 3). Su eterna consagración mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena en el momento de su bautismo por Juan cuando «Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder»( Hch 10:38) «para que él fuese manifestado a Israel» ( Jn 1:31) como su Mesías. Sus obras y sus palabras lo dieron a conocer como «el santo de Dios» ( Mc 1:24; Jn 6:69; Hch 3:14).
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