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En la historia de la salvación, Dios no se ha contentado con librar a Israel de «la casa de servidumbre» ( Dt 5:6) haciéndole salir de Egipto. El lo salva además de su pecado. Puesto que el pecado es siempre una ofensa hecha a Dios (cf. Sal 51:6), sólo el es quien puede absolverlo (cf. Sal 51:12). Por eso es por lo que Israel tomando cada vez más conciencia de la universalidad del pecado, ya no podrá buscar la salvación más que en la invocación del Nombre de Dios Redentor (cf. Sal 79:9).
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