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Jesús quiere decir en hebreo: «Dios salva». En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión (cf. Lc 1:31). Ya que «¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?»( Mc 2:7), es él quien, en Jesús, su Hijo eterno hecho hombre «salvará a su pueblo de sus pecados» ( Mt 1:21). En Jesús, Dios recapitula así toda la historia de la salvación en favor de los hombres.
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