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El testimonio de la Escritura es unánime: la solicitud de la divina providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia. Las Sagradas Escrituras afirman con fuerza la soberanía absoluta de Dios en el curso de los acontecimientos: «Nuestro Dios en los cielos y en la tierra, todo cuanto le place lo realiza» ( Sal 115:3); y de Cristo se dice: «si él abre, nadie puede cerrar; si él cierra, nadie puede abrir» ( Ap 3:7); «hay muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Dios se realiza» ( Pro 19:21).
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