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La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada «en estado de vía» («In statu viae») hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección:
Dios guarda y gobierna por su providencia todo lo que creó, «alcanzando con fuerza de un extremo al otro del mundo y disponiéndolo todo con dulzura» ( Sab 8:1). Porque «todo está desnudo y patente a sus ojos» ( Hab 4:13), incluso lo que la acción libre de las criaturas producirá (Cc. Vaticano I: DS 3003).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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