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Porque Dios crea con sabiduría, la creación está ordenada: «Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso» (Sab 11:20). Creada en y por el Verbo eterno, «imagen del Dios invisible» (Col 1:15), la creación está destinada, dirigida al hombre, imagen de Dios (cf. Gn 1:26), llamado a una relación personal con Dios. Nuestra inteligencia, participando en la luz del Entendimiento divino, puede entender lo que Dios nos dice por su creación (cf. Sal 19:2-5), ciertamente no sin gran esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra (cf. Job 42:3). Salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad («Y vio Dios que era bueno...muy bueno»: Gn 1:4.10.12.18.21.31). Porque la creación es querida por Dios como un don dirigido al hombre, como una herencia que le es destinada y confiada. La Iglesia ha debido, en repetidas ocasiones, defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material (cf. DS 286; 455-463; 800; 1333; 3002).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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