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Cuando la Iglesia ora diciendo «Padre nuestro que estás en el cielo», profesa que somos el Pueblo de Dios «sentado en el cielo, en Cristo Jesús» ( Efe 2:6), «ocultos con Cristo en Dios» ( Col 3:3), y, al mismo tiempo, «gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celestial» ( 2Co 5:2; cf Flp 3:20; Hab 13:14):
Los cristianos están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo (Epístola a Diogneto 5, 8-9).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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