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Cuando oramos al Padre estamos en comunión con El y con su Hijo, Jesucristo (cf 1Jn 1:3). Entonces le conocemos y lo reconocemos con admiración siempre nueva. La primera palabra de la Oración del Señor es una bendición de adoración, antes de ser una imploración. Porque la Gloria de Dios es que nosotros le reconozcamos como «Padre», Dios verdadero. Le damos gracias por habernos revelado su Nombre, por habernos concedido creer en él y por haber sido habitados por su presencia.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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