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«Orad constantemente» ( 1Ts 5:17), «dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo» ( Efe 5:20), «siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos» ( Efe 6:18).«No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar» (Evagrio, cap. pract. 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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