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La invocación del santo Nombre de Jesús es el camino más sencillo de la oración continua. Repetida con frecuencia por un corazón humildemente atento, no se dispersa en «palabrerías» ( Mt 6:7), sino que «conserva la Palabra y fructifica con perseverancia» (cf Lc 8:15). Es posible «en todo tiempo» porque no es una ocupación al lado de otra, sino la única ocupación, la de amar a Dios, que anima y transfigura toda acción en Cristo Jesús.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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