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Esta invocación de fe bien sencilla ha sido desarrolla da en la tradición de la oración bajo formas diversas en Oriente y en Occidente. La formulación más habitual, transmitida por los espirituales del Sinaí, de Siria y del Monte Athos es la invocación: «Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ¡Ten piedad de nosotros, pecadores!» Conjuga el himno cristológico de Flp 2:6-11
con la petición del publicano y del mendigo ciego (cf Lc 18:13; Mc 10:46-52). Mediante ella, el corazón está acorde con la miseria de los hombres y con la misericordia de su Salvador.CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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