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La revelación «de lo que ha de suceder pronto», el Apocalip sis, está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial (cf Ap 4:8-11; Ap 5:9-14; Ap 7:10-12) y también por la intercesión de los «testigos» (mártires: Ap 6:10). Los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús (cf Ap 18:24), la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquél que se sienta en el trono y del Cordero (cf Ap 19:1-8). En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al «Padre de las luces de quien desciende todo don excelente» ( Stg 1:17). La fe es así una pura alabanza.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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