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«Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor» ( Efe 5:19; Col 3:16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2:6-11; Col 1:15-20; Efe 5:14; 1Ti 3:16; 1Ti 6:15-16; 2Ti 2:11-13). De esta «maravilla» de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Efe 1:3-14; Rm 16:25-27; Efe 3:20-21; Jud 1:24-25).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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