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La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación. Los nueve primeros capítulos del Génesis describen esta relación con Dios como ofrenda por Abel de los primogénitos de su rebaño (cf Gn 4:4), como invocación del nombre divino por Enós (cf Gn 4:26), como «marcha con Dios» ( Gn 5:24). La ofrenda de Noé es «agradable» a Dios que le bendice y, a través de él, bendice a toda la creación (cf , Gn 8:17), porque su corazón es justo e íntegro; él también «marcha con Dios» ( Gn 6:9). Una muchedumbre de hombres pertenecientes a todas las religiones siempre han vivido esta característica de la oración.
En su alianza indefectible con todos los seres vivientes (cf Gn 9:8-16), Dios llama siempre a los hombres a orar. Pero, en el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir de nuestro padre Abraham.CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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