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«Bienaventurados los pobres en el espíritu» (Mt 5:3). Las bienaventuranzas revelan un orden de felicidad y de gracia, de belleza y de paz. Jesús celebra la alegría de los pobres de quienes es ya el Reino (Lc 6:20):
El Verbo llama «pobreza en el Espíritu» a la humildad voluntaria de un espíritu humano y su renuncia; el Apóstol nos da como ejemplo la pobreza de Dios cuando dice: «Se hizo pobre por nosotros» (2Co 8:9) (S. Gregorio de Nisa, beat, 1).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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