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La economía de la Ley y de la Gracia aparta el corazón de los hombres de la codicia y de la envidia: lo inicia en el deseo del Soberano Bien; lo instruye en los deseos del Espíritu Santo, que sacia el corazón del hombre.
El Dios de las promesas puso desde el comienzo al hombre en guardia contra la seducción desde lo que ya entonces, aparece como «bueno para comer, apetecib le a la vista y excelente para lograr sabiduría» ( Gn 3:6).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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