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La sexta bienaventuranza proclama: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (Mt 5:8). Los «corazones limpios» designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad (cf 1Ti 4:3-9; 2Ti 2:22), la castidad o rectitud sexual (cf 1Ts 4:7; Col 3:5; Efe 4:19), el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe (cf Tit 1:15; 1 Tm 3-4; 2Ti 2:23-26). Existe un vínculo entre la pureza del corazón, del cuerpo y de la fe:
Los fieles deben creer los artículos del Símbolo «para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen» (S. Agustín, fid. et symb. 10,25).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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