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El respeto y el crecimiento de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguarda de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es «tranquilidad del orden» (S. Agustín, civ. 19,13). Es obra de la justicia (cf Isa 32:17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).
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