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El sacramento del Bautismo es conferido «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28:19). En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Este puede ser el de un santo, es decir, de un discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar a su Señor. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se le ofrece un modelo de caridad y se le asegura su intercesión. El «nombre de bautismo» puede expresar también un misterio cristiano o una virtud cristiana. «Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano» (CIC, can. 855).
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