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El segundo mandamiento prohibe el falso juramento . Hacer juramento o jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma. Es invocar la veracidad divina como garantía de la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del Señor. «Al Señor tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás» (Dt 6:13).
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