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«Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios» (Sal 119:160). «Ahora, mi Señor Dios, tú eres Dios, tus palabras son verdad» (2Sa 7:28); por eso las promesas de Dios se realizan siempre (cf. Dt 7:9). Dios es la Verdad misma, sus palabras no pueden engañar. Por ello el hombre se puede entregar con toda confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios en todas las cosas. El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de su fidelidad.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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