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En varias circunstancias, el cristiano es llamado a hacer promesas a Dios. El bautismo y la Confirmación, el matrimonio y la ordenación las exigen siempre. Por devoción personal, el cristiano puede también prometer a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, etc. La fidelidad a las promesas hechas a Dios es una manifestación de respeto a la Majestad divina y de amor hacia el Dios fiel.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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