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«Justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios» (1Co 6:11), «santificados y llamados a ser santos» (1Co 1:2), los cristianos se convierten en «el templo del Espíritu Santo» (cf 1Co 6:19). Este «Espíritu del Hijo» les enseña a orar al Padre (cf Gal 4:6) y, haciéndose vida en ellos, les hace obrar (cf Gal 5:25) para dar «los frutos del Espíritu» ( Gal 5:22) por la caridad operante. Curando las heridas del pecado, el Espíritu Santo nos renueva interiormente por una transformación espiritual (cf Efe 4:23), nos ilumina y nos fortalece para vivir como «hijos de la luz» (Efe 5:8), «por la bondad, la justicia y la verdad» en todo (Efe 5:9).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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