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En su Pascua, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes del Bautismo. En efecto, había hablado ya de su pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un «Bautismo» con que debía ser bautizado (Mc 10:38; cf Lc 12:50). La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado (cf. Jn 19:34) son figuras del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de la vida nueva (cf 1Jn 5:6-8): desde entonces, es posible «nacer del agua y del Espíritu» para entrar en el Reino de Dios (Jn 3:5).
Considera donde eres bautizado, de donde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: El padeció por ti. En él eres rescatado, en él eres salvado. (S. Ambrosio, sacr. 2,6).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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