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Juan 8

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Jesús se retiró al monte de los Olivos.

2Al amanecer volvió de nuevo al Templo y todo el pueblo acudía a él; y sentándose se puso a enseñarles.

3Los escribas y fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio,

4le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

5Moisés, en la Ley, nos mandó lapidar a estas. Tú, ¿qué dices?»

6Esto lo decían para tentarle y tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

7Pero como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, arrójele la piedra el primero».

8E inclinándose de nuevo, continuó escribiendo en la tierra.

9Al oír estas palabras, se fueron marchando uno tras otro, comenzando por los más ancianos, y se quedó solo con la mujer, que estaba delante.

10Entonces Jesús se incorporó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te condenó?»

11Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y ya no peques más».

12De nuevo les habló Jesús, diciendo: «Yo soy la luz del mundo; quien me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

13Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es fidedigno».

14Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio es fidedigno, porque sé de dónde vengo y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.

15Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.

16Y si yo juzgo, mi juicio es fidedigno, porque no soy solo yo, sino yo y el Padre que me ha enviado.

17En vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos hombres es fidedigno.

18Soy yo quien doy testimonio de mí mismo, y también da testimonio de mí el Padre, que me envió».

19Entonces le dijeron: «¿Dónde está tu Padre?» Jesús respondió: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».

20Estas palabras las dijo junto al gazofilacio, enseñando en el Templo; y ninguno lo prendió, porque aún no había llegado su hora.

21Les dijo de nuevo: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. A donde yo voy no podéis venir vosotros».

22Los judíos decían: «¿Irá a matarse y por eso dice: “A donde yo voy, no podéis venir vosotros”?»

23Y les decía: «Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo.

24Os he dicho que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados».

25Ellos le preguntaban: «¿Tú quién eres?» Jesús les contestó: «Eso es lo que os estoy diciendo desde el principio.

26Tengo muchas cosas que hablar y juzgar de vosotros, pero el que me ha enviado es veraz, y yo hablo al mundo lo que le he oído».

27No entendieron que les hablaba del Padre.

28Les dijo Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que hablo lo que me enseñó mi Padre.

29Y el que me ha enviado está conmigo; no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada».

30Hablando de estas cosas, muchos creyeron en él.

31Decía Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos,

32conoceréis la verdad y la verdad os hará libres».

33Le respondieron: «Somos linaje de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: seréis libres?»

34Jesús les respondió: «Os lo aseguro: todo el que comete pecado es esclavo del pecado.

35El esclavo no permanece en la casa para siempre; el hijo queda para siempre.

36Por tanto, si el Hijo os libra, seréis en verdad libres.

37Yo sé que sois linaje de Abraham, pero intentáis matarme porque mi palabra no es acogida por vosotros.

38Yo hablo lo que he visto en mi Padre, y vosotros hacéis lo que habéis oído a vuestro padre».

39Le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dijo: «Si fueseis hijos de Abraham, haríais las obras de Abraham.

40Sin embargo, intentáis matarme, a mí, al hombre que os ha dicho la verdad, la que oí de Dios: eso no lo hizo Abraham.

41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de fornicación; tenemos un solo padre, Dios».

42Jesús les dijo: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais; pues yo salí y vengo de Dios; no vengo de mí mismo, sino que Él me ha enviado.

43¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra.

44Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio, y no se mantenía en la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando dice la mentira, habla de lo suyo, porque es mentiroso y padre de la mentira.

45Pero a mí, que digo la verdad, no me creéis.

46¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?

47Quien es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios».

48Respondieron los judíos y le dijeron: «¿No decimos bien que tú eres samaritano y estás endemoniado?»

49Jesús contestó: «Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre, pero vosotros me deshonráis a mí.

50Yo no busco mi gloria, hay quien la busca y juzga.

51Os lo aseguro: si alguno guarda mi palabra, jamás verá la muerte».

52Los judíos le dijeron: «Ahora sabemos que estás endemoniado. Abraham murió y también los profetas, y tú dices: “Si alguno guarda mi palabra jamás gustará la muerte”.

53¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes?»

54Jesús respondió: «Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada. Mi Padre es el que me glorifica, de quien decís vosotros: “Es nuestro Dios”,

55y no le conocéis; pero yo le conozco. Y si digo: “no le conozco”, sería semejante a vosotros, un mentiroso; pero le conozco y guardo su palabra.

56Vuestro padre Abraham se regocijó por ver mi día: lo vio y se alegró».

57Los judíos le dijeron: «No tienes aún cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?»

58Jesús les dijo: «Os lo aseguro: antes que Abraham naciera, yo soy».

59Tomaron entonces piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

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