Juan 5
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Después de esto, se celebraba la fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2Hay en Jerusalén, junto a la puerta Probática, una piscina llamada en hebreo Betzatá, que tiene cinco pórticos.
3En ellos yacía una gran muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. 3b []
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5Había allí un hombre, enfermo desde hacía treinta y ocho años.
6Jesús al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres ser curado?»
7El enfermo le respondió: «Señor, no tengo un hombre que, al agitarse el agua, me introduzca en la piscina, y mientras yo voy, otro desciende antes que yo».
8Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda».
9Y al instante aquel hombre quedó curado, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado.
10Por esto decían los judíos al que había sido curado: «Es sábado y no te es lícito llevar tu camilla».
11Él les respondió: «El que me curó me dijo: “Toma tu camilla y anda”».
12Le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te dijo: “Toma tu camilla y anda?”»
13Pero el que había sido curado no sabía quién era, porque Jesús había desaparecido entre la multitud reunida en aquel lugar.
14Más tarde lo encontró Jesús en el Templo y le dijo: «Mira, has sido curado; no peques más, no sea que te suceda algo peor».
15Se fue aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
16Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17Jesús les respondió: «Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo».
18Por esto, sobre todo, buscaban los judíos el modo de matarle, porque no solo violaba el sábado, sino que también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
19Respondió entonces Jesús y les dijo: «Os lo aseguro: el Hijo nada puede hacer por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; pues lo que Él hace, lo hace igualmente el Hijo.
20Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que estas, para que vosotros os maravilléis.
21Pues así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.
22Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo el poder de juzgar,
23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado.
24Os lo aseguro: quien escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no es juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
25Os lo aseguro: llega la hora, y es esta, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.
26Pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así también dio al Hijo tener vida en sí mismo.
27Y le ha dado potestad para juzgar, ya que es el Hijo del hombre.
28No os maravilléis de esto, porque llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz,
29y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida, y los que practicaron el mal, para la resurrección del juicio.
30Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Como oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32Otro es el que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
33Vosotros preguntasteis a Juan y él dio testimonio de la verdad.
34Yo no recibo testimonio de hombre, sino que digo estas cosas para que os salvéis.
35aquel era la antorcha que arde y luce, y vosotros quisisteis alegraros con su luz por un momento.
36Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, pues las obras que el Padre me encargó que llevara a cabo, las mismas que yo realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.
37Y el Padre que me ha enviado es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto su rostro,
38ni permanece en vosotros su palabra, porque no creéis al que Él ha enviado.
39Escudriñad las Escrituras, ya que esperáis tener en ellas la vida eterna: ellas son las que dan testimonio de mí.
40Y no queréis venir a mí para poseer la vida.
41Yo no recibo gloria de los hombres,
42pero os conozco y sé que no tenéis amor de Dios en vosotros.
43Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en su propio nombre, a este lo recibiríais.
44¿Cómo podéis creer vosotros, que recibís gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que procede del único Dios?
45No penséis que os acusaré ante el Padre; hay quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperáis.
46Pues si creyeseis en Moisés, quizás creeríais también en mí, ya que él escribió de mí.
47Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo creeréis en mis palabras?»