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Juan 4

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan

2—aunque Jesús no bautizaba personalmente, sino sus discípulos—,

3dejó Judea y partió de nuevo para Galilea.

4Tenía que pasar por Samaría.

5En esto llegó a una ciudad de Samaría, llamada Sicar, próxima a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

6Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

7Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber».

8Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

9Entonces le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

10Respondió Jesús y le dijo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva».

11La mujer le dice: «Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo; ¿de dónde sacas el agua viva?

12¿Eres acaso tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y su ganado?»

13Jesús le respondió: «Todo el que bebe de esta agua tendrá sed otra vez,

14pero quien beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente que salta hasta la vida eterna».

15La mujer le dice: «Dame, Señor, de esa agua para que no tenga sed ni haya de venir hasta aquí para sacarla».

16Dícele: «Anda, llama a tu marido y vuelve aquí».

17Respondió la mujer y le dijo: «No tengo marido». Le dice Jesús: «Bien has dicho “no tengo marido”,

18porque tuviste cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido. En esto has dicho la verdad».

19Le dice la mujer: «Señor, veo que eres profeta.

20Nuestros padres adoraron a Dios en este monte y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se ha de adorar».

21Le dice Jesús: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos.

23Pero llega la hora, y es esta, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca.

24Dios es espíritu, y los que le adoran han de adorarlo en espíritu y en verdad».

25La mujer le dice: «Sé que el Mesías, el llamado Cristo, está al llegar. Cuando él venga nos manifestará todo».

26Le dice Jesús: «Yo soy, el que habla contigo».

27En seguida llegaron sus discípulos y se extrañaron de que hablara con una mujer. Pero ninguno le dijo: «¿Qué preguntas?» o «¿por qué hablas con ella?»

28La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a la gente:

29«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?»

30Salieron de la ciudad y vinieron hacia él.

31Entretanto, sus discípulos le rogaban diciendo: «Rabbí, come».

32Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis».

33Los discípulos se decían unos a otros: «¿Acaso le habrá traído alguien de comer?»

34Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra.

35¿No decís vosotros que faltan aún cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: alzad vuestros ojos y ved los campos ya dorados para la siega.

36El segador cobra ya su jornal y recoge fruto para la vida eterna. De ahí que se alegren juntos tanto el que siega como el que siembra.

37Pues en esto se cumple aquel proverbio: Uno es el que siembra y otro el que siega.

38Yo os envié a recoger lo que vosotros no trabajasteis; otros trabajaron y vosotros os habéis aprovechado de su esfuerzo».

39Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

40Así que cuando llegaron a él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y permaneció allí dos días.

41Y muchos más creyeron al oírle.

42Y decían a la mujer: «No creemos ya por tu palabra, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo».

43Transcurridos dos días, partió de allí hacia Galilea.

44Pues Jesús mismo había afirmado que ningún profeta es honrado en su propia patria.

45Cuando llegó a Galilea, lo acogieron los galileos, porque habían visto todo lo que había hecho durante la fiesta en Jerusalén, pues también ellos habían ido a la fiesta.

46Volvió de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Se encontraba allí un oficial real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm,

47el cual habiendo oído que Jesús había venido de Judea a Galilea, salió a su encuentro y le rogaba que bajase y curara a su hijo, que estaba muriéndose.

48Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

49Dijo el oficial: «Señor, baja antes de que muera mi hijo».

50Respondió Jesús: «Vete, tu hijo vive». Creyó el hombre en la palabra de Jesús, y se fue.

51Mientras bajaba, sus criados le salieron al encuentro, diciendo que su hijo vivía.

52Les preguntó la hora en que había empezado a mejorar, y le respondieron: «Ayer, a la hora séptima le dejó la fiebre».

53Reconoció entonces el padre que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él y toda su casa.

54Este segundo signo lo hizo Jesús cuando regresó de Judea a Galilea.

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