Hechos 13
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Había en la Iglesia de Antioquía profetas y doctores: Bernabé y Simón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.
2Mientras ellos celebraban el culto del Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado».
3Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.
4Y ellos, en efecto, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia, y desde allí navegaron hacia Chipre.
5Llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan como auxiliar.
6Y tras haber atravesado toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta, judío, llamado Bar-Jesús,
7que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Este llamó a Bernabé y Saulo, con el deseo de oír la palabra de Dios.
8Pero se les opuso Elimas, el mago —éste es el significado de su nombre—, con intención de apartar al procónsul de la fe.
9Entonces Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, lo miró fijamente y le dijo:
10«Oh tú, lleno de todo engaño y de todo fraude, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no acabarás de torcer los caminos rectos del Señor?
11Pues ahora, mira, la mano del Señor está sobre ti; te quedarás ciego y no verás el sol hasta pasado un tiempo». Y al instante cayeron sobre él oscuridad y tinieblas, y a tientas buscaba quien le llevase de la mano.
12Entonces, viendo el procónsul lo sucedido, creyó maravillado por la doctrina del Señor.
13Tras haber embarcado en Pafos, Pablo y los suyos llegaron a Perge de Panfila; pero Juan, separándose de ellos, regresó a Jerusalén.
14Mientras, ellos continuaron su viaje, y de Perge pasaron a Antioquía de Pisidia, y al entrar el sábado en la sinagoga, tomaron asiento.
15Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les enviaron a decir: «Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, decidla».
16Pablo se levantó y, haciendo una señal de silencio con la mano, dijo: «Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad.
17El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su destierro en la tierra de Egipto; y con brazo fuerte los sacó de ella.
18Por espacio de cuarenta años los cuidó en el desierto.
19Y después de haber exterminado a siete naciones en tierra de Canaán, les dio en herencia sus tierras
20durante cuatrocientos cincuenta años. Después de esto, les dio Jueces, hasta Samuel el profeta.
21Luego pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.
22Después de este les suscitó como rey a David, de quien dio testimonio diciendo: “He hallado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que cumplirá en todo mi voluntad”.
23De la descendencia de este, Dios, según sus promesas, ha suscitado un Salvador para Israel, Jesús.
24Ante la inminencia de su venida, Juan predicó un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
25Cuando estaba a punto de concluir su misión, Juan decía: “¿Por quién me tomáis? No soy yo, sino el que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatar el calzado de los pies”.
26Hermanos, hijos de la estirpe de Abraham y los que teméis a Dios: a nosotros ha sido enviada esta palabra de salvación.
27Pues los habitantes de Jerusalén y sus jefes han cumplido, desconociendo a este, las palabras de los Profetas que se leen todos los sábados;
28y sin hallar ninguna causa de muerte, pidieron a Pilato que lo hiciera morir.
29Y después de cumplir todo lo que acerca de él estaba escrito, bajándolo del leño, lo sepultaron.
30Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
31Él se apareció durante muchos días a los que con él habían subido de Galilea a Jerusalén, y que ahora son testigos suyos ante el pueblo.
32También nosotros os anunciamos la Buena Nueva de la promesa hecha a nuestros padres,
33que Dios la ha cumplido con nosotros, sus hijos, al resucitar a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”.
34Y que lo resucitó de entre los muertos, para nunca más volver a la corrupción, lo había afirmado: “Yo os daré las cosas santas de David, las verdaderas”.
35Por esto dice también en otro lugar: “No permitirás que tu Santo vea la corrupción”.
36Pues David murió, después de cumplir durante su vida la voluntad de Dios, y fue sepultado con sus padres, y padeció la corrupción.
37En cambio, aquel a quien Dios resucitó no padeció la corrupción.
38Entended, pues, hermanos, que por medio de este se os anuncia la remisión de los pecados, de todos los que no pudisteis justificaros en la ley de Moisés.
39El que cree en él, es justificado de todo esto.
40Cuidad, por tanto, que no os suceda lo dicho en los Profetas:
41“Mirad, los que despreciáis, admiraos y desapareced, porque una obra voy a realizar yo en vuestros días, obra que no creeréis aunque alguno os la cuente”.
42Al salir les rogaban que continuaran hablándoles de estas cosas el sábado siguiente.
43Disuelta la reunión, muchos judíos y prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé; estos hablaban con ellos, exhortándoles a permanecer en la gracia de Dios.
44El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para escuchar la palabra del Señor.
45Pero al ver los judíos aquella muchedumbre, se llenaron de celo y contradecían con blasfemias lo que Pablo decía.
46Entonces Pablo y Bernabé, llenos de valor, dijeron: «A vosotros os debíamos anunciar en primer lugar la palabra de Dios; pero ya que la rechazáis y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles.
47Pues así nos lo ordenó el Señor: “Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”.
48Al oír esto, los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
49Y la palabra del Señor se difundía por toda la región.
50Pero los judíos incitaron a mujeres distinguidas y piadosas y a los principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio.
51Estos sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconio.
52Los discípulos quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo.