Hebreos 9
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Tenía también la primera sus ceremonias cultuales y su santuario terreno.
2Pues fue preparada la parte anterior del tabernáculo, en la que se hallaban el candelabro y la mesa con los panes de la proposición, que se llama el Santo.
3Detrás del segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada Santo de los Santos,
4con el altar de oro para el incienso y el arca de la alianza cubierta toda de oro, y en ella la urna de oro con el maná, la vara de Aarón, que había florecido, y las tablas de la Alianza;
5y sobre ella, los querubines de gloria cubrían con su sombra el propiciatorio. Acerca de lo cual no es este el momento de hablar con detalle.
6Preparadas así las cosas, los sacerdotes entran siempre en la primera parte del tabernáculo para cumplir sus oficios sagrados.
7Pero en la segunda, el sumo sacerdote entra solo, una vez al año, no sin sangre que ofrecer por sus pecados y por los del pueblo.
8El Espíritu Santo daba a entender con esto que el camino del santuario no quedaría expedito mientras subsistiese el primer tabernáculo.
9Esto es figura del tiempo presente, pues en aquel se ofrecen dones y sacrificios incapaces de perfeccionar en su conciencia al oferente,
10son preceptos carnales solamente, ya que se refieren a comidas, bebidas y abluciones diversas, impuestas hasta el tiempo de la renovación.
11Pero Cristo se presentó como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de un tabernáculo mayor y más perfecto, no hecho por mano de hombre, es decir, no de este mundo;
12y entró de una vez para siempre en el Santuario, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, obteniendo así la redención eterna.
13Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los que están manchados, en orden a la purificación de la carne,
14cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo.
15Por eso es mediador de una nueva Alianza, para que, interviniendo su muerte en remisión de las transgresiones cometidas en la primera Alianza, reciban los que han sido llamados la herencia eterna prometida.
16Pues donde hay testamento es preciso que conste la muerte del testador,
17ya que el testamento es válido en caso de muerte, pues nada vale mientras vive el testador.
18Por eso tampoco la primera (alianza) se inauguró sin sangre.
19Pues Moisés, después de haber expuesto ante el pueblo todos los preceptos de la Ley, tomó la sangre de los novillos y machos cabríos, con agua y lana escarlata e hisopo, y roció tanto el libro como a todo el pueblo,
20diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que Dios ha ordenado para vosotros».
21Roció también con sangre la tienda y todos los objetos del culto.
22Pues, según la Ley, casi todo ha de ser purificado con sangre, y sin efusión de sangre no hay remisión.
23Por tanto, era necesario que las figuras de las realidades celestiales fuesen purificadas con estas cosas y también las mismas realidades celestiales, pero con sacrificios más excelentes que aquellos.
24Pues no entró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, imagen del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro.
25Y no para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote que entra cada año en el santuario con sangre ajena.
26De lo contrario habría tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo; en cambio, ahora una sola vez se ha manifestado al cumplirse los tiempos, para destruir el pecado por su sacrificio.
27Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio,
28así también Cristo, después de ofrecerse una sola vez para quitar los pecados de muchos, por segunda vez, sin relación ya con el pecado, se manifestará a los que le esperan para salvarlos.