Hebreos 12
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Por tanto, también nosotros, teniendo tan gran nube de testigos que nos envuelve, depongamos todo lastre y el pecado que nos seduce, y corramos con constancia la prueba que se nos propone,
2mirando a Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual en lugar del gozo que se le proponía, sobrellevó la cruz, sin miedo a la ignominia, y está sentado a la derecha del trono de Dios.
3Fijaos, pues, en Aquel que tal contradicción sostuvo por parte de los pecadores, para que no desfallezcáis por falta de ánimo.
4Todavía no habéis resistido hasta derramar sangre luchando contra el pecado,
5y habéis olvidado la exhortación que como a hijos os dirige: «Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando seas reprendido por él;
6pues el Señor, a quien ama, reprende, y azota a todo el que recibe por hijo».
7Soportad la corrección. Dios os trata como a hijos. ¿Hay algún hijo a quien su padre no corrija?
8Si estuvieseis libres de la corrección, de la que todos han participado, entonces seríais bastardos y no hijos.
9Además, teníamos a nuestros padres según la carne que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mucho más al Padre de los espíritus para alcanzar la vida?
10Y aquellos nos corregían, según les parecía, por poco tiempo; este, en cambio, para nuestro bien, de modo que participemos de su santidad.
11Ninguna corrección parece de momento agradable, sino dolorosa; pero después produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.
12Por ello, enderezad las manos abatidas y las rodillas debilitadas,
13y haced rectos para vuestros pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se desvíe, sino que sea curado.
14Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor,
15mirando que nadie sea privado de la gracia de Dios, para que ninguna raíz de amargura brote de nuevo y os perturbe y por ella se infeccionen muchos;
16que ninguno sea fornicario o profanador, como Esaú, que por una comida vendió su primogenitura.
17Sabéis cómo, queriendo recibir después la bendición, fue rechazado y no halló lugar de penitencia, aunque lo buscó con lágrimas.
18Pues no os habéis acercado a algo sensible, al fuego ardiente, al torbellino, a la oscuridad, a la tormenta,
19al sonido de trompeta y voz de palabras, que quienes la oyeron suplicaron que no se les hablase más.
20Pues no soportaban este mandato: «Incluso si un animal toca el monte será apedreado».
21Y era tan terrible el espectáculo, que Moisés dijo: «Estoy espantado y temblando».
22Pero vosotros os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, a miríadas de ángeles, a la reunión solemne
23y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos; y a Dios, juez de todos, y a los espíritus de los justos que han sido consumados,
24a Jesús, mediador de una alianza nueva, y a la sangre de la aspersión, que habla mejor que la de Abel.
25Guardaos de rechazar al que os habla; pues si no escaparon los que rechazaron al que les hablaba en la tierra, mucho menos nosotros si rechazamos al que nos habla desde el cielo.
26Su voz estremeció entonces la tierra; ahora, en cambio, ha prometido diciendo: «Todavía otra vez, y yo estremeceré no solo la tierra, sino también el cielo».
27Este «todavía otra vez» declara el cambio de las cosas movibles, por ser creadas, para que permanezcan las que son inconmovibles.
28Por eso, ya que entramos en posesión de un reino incomovible, retengamos la gracia, por la que serviremos a Dios con agrado, piedad y temor,
29pues nuestro Dios es fuego devorador.