Gálatas 1
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Pablo, apóstol, no de parte de hombres ni por mediación de hombre, sino por Jesucristo y Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos,
2y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia:
3la gracia y la paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre, y de nuestro Señor Jesucristo,
4que e entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo malo, según la voluntad de nuestro Dios y Padre,
5para quien es la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
6Me sorprende que abandonéis tan deprisa a quien os llamó por la gracia de Cristo, para ir a otro evangelio;
7no que haya otro, sino que hay quienes os perturban y quieren trastocar el Evangelio de Cristo.
8Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!
9Como hemos dicho, y ahora vuelvo a decirlo: si alguien os anuncia un evangelio distinto del que recibisteis, ¡sea anatema!
10¿Busco yo acaso el favor de los hombres o de Dios? ¿O es que deseo agradar a los hombres? Si aún tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.
11Pues os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no procede de hombre;
12pues ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
13Ya oísteis cuál fue mi conducta anterior en el judaísmo, que perseguía duramente a la Iglesia de Dios y la atacaba,
14y cómo aventajaba en el judaísmo a muchos coetáneos de mi nación, sobrepasándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.
15Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, decidió
16revelar en mí a su Hijo a fin de que lo anunciase entre los gentiles, inmediatamente, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre,
17y sin subir a Jerusalén junto a quienes eran apóstoles antes que yo, partí para Arabia y de nuevo regresé a Damasco.
18Después, a los tres años, subí a Jerusalén para visitar a Cefas, y permanecí en su compañía quince días.
19Y no vi a ningún otro Apóstol, excepto a Santiago, el hermano del Señor.
20Y en esto que os escribo, Dios es testigo que no miento.
21Después me fui a las regiones de Siria y de Cilicia;
22pero no era conocido personalmente por las Iglesias de Judea, que son de Cristo.
23solo habían oído decir: «El que antes nos perseguía, ahora anuncia la fe que entonces quería destruir».
24Y glorificaban a Dios por mi causa.