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2 Pedro 2

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Pero hubo en el pueblo falsos profetas, así como también habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán sectas de perdición y, negando al Dueño que los compró, se atraerán una rápida perdición.

2Y muchos seguirán su afán de placeres, y por su causa será blasfemado el camino de la verdad.

3Negociarán con vosotros por codicia palabras engañosas. Hace tiempo que su condena no descansa, ni duerme su perdición.

4Pues si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiados hasta el juicio;

5si no perdonó al mundo antiguo, sino que preservó a Noé, pregonero de la justicia, junto con otros siete cuando desencadenó el diluvio sobre un mundo de impíos;

6si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas y poniéndolas de ejemplo de las cosas que van a acontecer a los impíos;

7y si salvó al justo Lot, asediado por la lujuriosa vida de hombres nefandos

8—pues este justo que vivía en medio de ellos, día tras día sentía torturada su alma justa por las obras impías que veía y oía—,

9es porque el Señor sabe salvar de la tentación a los piadosos y reservar a los impíos para castigarlos el día del juicio,

10sobre todo a quienes andan tras los deseos impuros de la carne y desprecian el Señorío. Atrevidos y orgullosos, no temen blasfemar de las Glorias,

11cuando los Angeles, aun siendo superiores en fuerza y poder, no presentan contra ellas juicio de blasfemia en presencia del Señor.

12Pero estos, como animales irracionales, que por su naturaleza nacen para ser cazados y muertos, al blasfemar de lo que ignoran, con esa misma muerte morirán,

13recibiendo, en contra de su voluntad, el pago de su injusticia. Hombres que consideran placer las delicias de un día, que añaden a sus delicias impureza y corrupción, que se deleitan ante vosotros de sus placeres,

14que con los ojos cargados de adulterio e insaciables de pecado, seducen a las almas débiles, que tienen el corazón habituado a la codicia, hijos de maldición.

15Al abandonar el camino recto, se han extraviado y siguieron por el camino de Balam, hijo de Bosor, que deseó el pago de la injusticia,

16pero obtuvo la reprensión por su maldad: un mudo animal que hablaba con voz de hombre impidió la insensatez del profeta.

17Estos son fuentes sin agua y nubes empujadas por el viento, a quienes se les reserva la oscuridad de las tinieblas.

18Profiriendo discursos hinchados de vanidad, seducen con los deseos carnales y el afán de placer a quienes acaban de escapar de los que viven en el error.

19Les prometen libertad, ellos que son esclavos de la corrupción; pues, en efecto, uno es esclavo de lo que le domina.

20Porque si después de huir de las inmundicias del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, vuelven a enredarse en ellas y son vencidos, se hace su situación postrera peor que la primera.

21Más les valía no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, apartarse del santo precepto que les fue transmitido.

22Les ha sucedido lo de aquel acertado proverbio: «El perro se volvió a su vómito y la cerda lavada a revolcarse en el cieno».

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