2 Pedro 1
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a quienes ha caído en suerte la misma fe que a nosotros por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo:
2la gracia y la paz se multiplique en vosotros por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
3De modo que todo lo de su divino poder se nos ha dado para la vida y la piedad por el conocimiento de Aquel que nos ha llamado por su propia gloria y virtud,
4por medio de las cuales nos han sido concedidas preciosas y sublimes promesas para que por ellas os hagáis partícipes de la naturaleza divina, huyendo de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia.
5Por esta razón, poniendo todo vuestro empeño, procurad ofrecer en vuestra fe, la virtud;
6en la virtud, la ciencia; en la ciencia, la templanza; en la templanza, la paciencia; en la paciencia, la piedad;
7en la piedad, el amor fraterno, la caridad.
8Pues estas cosas, como las tenéis en abundancia, no os permitirán ser inconsistentes ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
9Porque quien no las tiene es ciego y corto de vista; ha echado en el olvido la purificación de sus antiguos pecados.
10Por lo cual, hermanos, poned mayor empeño por asegurar vuestra vocación y elección. Haciéndolo así nunca caeréis,
11pues se os otorgará generosamente la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
12Por eso empezaré siempre advirtiéndoos acerca de estas cosas, aunque las sepáis y estéis afianzados en la verdad que poseéis.
13Me parece justo, mientras vivo bajo esta tienda, estimularos con mis advertencias,
14sabiendo que es de escasa duración el establecimiento de mi tienda, según me lo manifestó nuestro Señor Jesucristo.
15Pero me esforzaré para que, tras mi partida, podáis recordar en cualquier momento estas cosas.
16Pues no ha sido siguiendo fábulas capciosas como os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino como quienes han sido testigos oculares de su grandeza.
17Porque al recibir de Dios Padre honor y gloria, procedente de la sublime Gloria, le vino una voz en estos términos: «Este es mi Hijo amado en quien me complazco».
18Esta voz venida del cielo la oímos cuando estábamos con él en el monte santo.
19Por esto tenemos mayor seguridad en la palabra profética, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar tenebroso, hasta que el día amanezca y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones.
20Pero sabed, ante todo, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia,
21porque nunca profecía alguna fue proferida por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, han hablado los hombres de parte de Dios.