Romanos 4
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1C. La nueva economía de la fe no contradice a la antigua. Ejemplo de Abraham (4,1-25) La escritura enseña que Abraham fue justificado por su fe, no por sus obras. A todo esto, ¿qué diremos respecto de Abraham, nuestro progenitor natural?
2Si Abraham fue justificado por las obras, tiene un título de gloria; pero no lo tiene ante Dios.
3Porque, vamos a ver, ¿qué dice la escritura? Abraham creyó a Dios y Dios estimó su fe como justificación.
4El salario del que ejecuta un trabajo no es estimado como un favor sino como una deuda;
5pero la fe del que sin hacer obra alguna cree en aquel que justifica al pecador, es estimada por Dios como justificación.
6Del mismo modo proclama también David bienaventurado al hombre a quien Dios confiere la justificación haciendo caso omiso de las obras:
7Venturosos aquellos cuyas culpas han sido perdonadas, cuyos pecados han sido encubiertos.
8Venturoso el varón al que el Señor no imputa su pecado.
9La escritura enseña que Abraham fue justificado independientemente de la circuncisión. Ahora bien, esta proclamación de felicidad ¿recae solamente sobre los circuncisos o también sobre los incircuncisos? Ya que decimos que Dios estimó la fe de Abraham como justificación.
10Pero, ¿cómo la estimó? ¿Después de la circuncisión o antes? No cuando estaba circuncidado, sino cuando todavía estaba sin circuncidar.
11Y la señal de la circuncisión la recibió como sello de la justificación por la fe, justificación que, incircunciso todavía, poseía ya. De este modo viene a ser padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también a éstos se les impute la justificación.
12Y asimismo viene a ser padre de los circuncisos, de aquellos que no sólo tienen la circuncisión, sino también siguen las huellas de la fe que tenía nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.
13Las promesas mesiánicas y su trasmisión dependen de la justificación por la fe. No se vinculó tampoco al cumplimiento de la ley, sino a la justificación por la fe, la promesa, hecha a Abraham y a su posteridad, de poseer en herencia el mundo.
14En efecto, si los sometidos a la ley son los herederos, la fe no tiene razón de ser, y la promesa queda sin valor alguno.
15—La ley trae consigo la cólera de Dios; que donde no hay ley, no hay trasgresión.—
16Por consiguiente la trasmisión de las promesas es por la fe, para que todo sea gratuito. Así las promesas tienen valor para todos los descendientes de Abraham, no sólo para los sometidos a la ley, sino también para los que tienen la fe de Abraham. El es padre de todos nosotros,
17—como de él dice la escritura: Te he constituido padre de muchas naciones.— (Abraham es nuestro padre) ante Dios, en quien creyó, Dios que da vida a los muertos, y llama a la existencia a lo que no es.
18A ejemplo de Abraham, justificado por su fe en Dios vivificador, los cristianos son justificados por su fe en Dios resucitador de Cristo. Abraham, esperando en Dios contra toda esperanza, tuvo fe; y así llegó a ser padre de muchas naciones según el oráculo: Así de numerosa será tu descendencia.
19Y no flaqueó en la fe al considerar su cuerpo ya marchito (era casi centenario) y la incapacidad generativa de Sara;
20y ante la promesa de Dios no vaciló, dejándose llevar de la incredulidad; sino que, fortalecido por la fe, dio gloria a Dios,
21plenamente convencido de que Dios, que lo había prometido, tenía también poder para cumplirlo.
22Por eso estimó Dios su fe como justificación.
23Pero no solamente por él dice la escritura que Dios estimó su fe,
24sino que lo dice también por nosotros. Dios estimará nuestra fe como justificación, creyendo como creemos en aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor,
25que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.