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Mateo 23

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Hipocresía y ambición de los fariseos. Y dirigió Jesús la palabra a sus discípulos y a la muchedumbre

2en es tos términos: Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés.

3Cumplid, pues, y guardad lo que os digan; pero no los imitéis en sus obras, porque hablan mucho y no hacen nada.

4Atan y cargan sobre los hombros del prójimo fardos tan pesados que es imposible transportar; y ellos mismos no aplican ni un dedo para moverlos.

5Hacen todas sus obras para ser vistos de los demás; llevan anchas filacterias y agrandan las franjas de sus mantos.

6Se desviven por ocupar los primeros puestos en los convites y los primeros asientos en las sinagogas;

7y por recibir saludos en las plazas y por ser aclamados con el título de «rabbí» [maestro].

8Pero vosotros no os arroguéis el título de «rabbí», porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.

9Ni deis entre vosotros a nadie el título de padre, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos.

10Ni os proclaméis doctores, porque uno es vuestro doctor, el Mesías.

11El mayor de entre vosotros hágase el servidor de todos.

12El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Amenazas de Jesús a escribas y fariseos.

13¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los demás el reino de los cielos! Ni entráis vosotros ni dejáis entrar a quienes están para entrar.

1415 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis tierra y mar para hacer un prosélito; y, una vez conseguido, lo hacéis dos veces más digno del infierno que vosotros!

16¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: El que hace una promesa, jurando por el templo, no está obligado a nada; pero el que la hace por el oro del templo, queda con la obligación de cumplirla!

17¡Necios y ciegos! ¿Qué vale más, el oro o el templo que santifica el oro?

18Y también decís: El que promete una cosa, jurando por el altar, no está obligado a nada; pero, si la promete, jurando por la ofrenda que está sobre él, queda con obligación.

19¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda?

20Es claro que el que jura sobre el altar, jura por él y por todo lo que hay encima;

21y el que jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita;

22y el que jura por el cielo, jura no sólo por el trono de Dios, sino también por aquel que en él está sentado.

23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis, sí, el diezmo de la menta y del eneldo y del comino, pero descuidáis lo más esencial de la ley, como es la santidad y la misericordia y la fidelidad! Esto teníais que practicar y aquello no omitir.

24¡Guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello!

25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis el vaso y el plato por fuera, cuando por dentro están llenos de rapacidad y de avaricia!

26¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro el vaso y el plato, que luego los limpiarás por fuera!

27¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que sois como sepulcros blanqueados, de hermoso aspecto por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!

28Así también vosotros por fuera parecéis santos ante los demás; pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de maldad.

29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Construís sepulcros a los profetas y adornáis los monumentos funerarios de los santos;

30y exclamáis: Si nosotros hubiésemos vivido cuando nuestros antepasados, cierto que no habríamos tomado parte en la muerte de los profetas.

31Ya con esto declaráis que sois hijos de los asesinos de los profetas.

32A vosotros, pues, toca colmar la medida de vuestros antepasados.

33Serpientes, raza de víboras, ¿cómo vais a poder escapar de la condena al infierno?

34Porque yo os voy a enviar profetas, sabios y letrados; y a unos mataréis y crucificaréis, a otros azotaréis en vuestras sinagogas o perseguiréis de ciudad en ciudad.

35De este modo seréis responsables de toda la sangre inocente derramada en la tierra, desde la sangre de Abel, el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien degollasteis entre el santuario y el altar de los holocaustos.

36Os aseguro de veras que sobre esta raza vendrán todos estos cargos. Lamentación de Jesús sobre Jerusalén.

37¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido agrupar a tus hijos como la gallina cobija a sus polluelos bajo las alas y no lo has querido!

38Mirad, vuestra mansión va a quedar sin nadie que la habite.

39Yo os aseguro que no me volveréis a ver hasta que digáis: Bendito sea del Señor el que viene.

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