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Mateo 21

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1V. Ministerio mesiánico de Jesús en Jerusalén (21,1-25,46) Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Cuando estuvieron cerca de Jerusalén y llegaron a Betfagé, sobre el monte de los Olivos, envió Jesús a dos discípulos

2con esta orden: Id a la aldea que tenéis enfrente, y en seguida encontraréis una borrica atada y su pollino con ella. Soltadla y traédmelos acá.

3Y, si os dicen alguna cosa, decidles que el Señor los necesita y que en seguida los devolverá.

4Así se cumplió lo anunciado por el profeta, cuando dice:

5Decid a los habitantes de Sión: Mirad que viene vuestro rey, lleno de mansedumbre y montado sobre una borrica y sobre un pollino, animal que es de carga.

6Marcharon, pues, los discípulos e hicieron como les había mandado Jesús.

7Trajeron la borrica y el pollino; y, colocando sobre ellos sus mantos, le hicieron sentar encima.

8Y un inmenso gentío iba tendiendo sus mantos por el camino, mientras otros, cortando ramas de árboles, alfombraban el paso.

9La muchedumbre, tanto la que iba delante como la que seguía detrás, iba dando voces: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito sea del Señor el que viene! ¡Hosanna en los cielos!

10Y, cuando entró en Jerusalén, vibró de entusiasmo toda la ciudad; y preguntaban: ¿Quién es éste?

11Y la muchedumbre respondía: Este es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea.Jesús expulsa del templo a los mercaderes.

12Y entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que se dedicaban a comprar y vender en el templo; derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas;

13y al mismo tiempo les decía: Dice la escritura: Mi casa será casa de oración; pero vosotros la estáis convirtiendo en guarida de ladrones. Discusión de Jesús con los sacerdotes y escribas.

14Y se llegaron a él ciegos y cojos, y les devolvió la salud.

15Viendo los jefes de los sacerdotes y los escribas los milagros que hacía y cómo los niños gritaban en el templo: Hosanna al Hijo de David, lo llevaron muy a mal;

16y le dijeron: ¿No oyes lo que están gritando éstos? Sí, les respondió Jesús. Y vosotros, ¿no habéis leído nunca esto: De los labios de los párvulos y niños de pecho te has procurado alabanza?

17Y, dejándolos plantados, se dirigió a Betania, fuera de la ciudad, donde pasó la noche. Jesús maldice la higuera estéril.

18Al amanecer, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre.

19Y, viendo una higuera junto al camino, se dirigió hacia ella; pero no encontró sino hojas; y exclamó: Que no brote jamás fruto de ti. Y al momento se secó la higuera.

20Los discípulos se maravillaron cuando comprobaron el hecho; y se decían: ¡Cómo se ha secado de repente la higuera!

21Y Jesús les dijo: Os aseguro que, si tuvieseis fe sin mezcla alguna de vacilación, no sólo haríais lo que he hecho yo con la higuera, sino todavía mucho más. Con decir a este monte: Quítate de ahí y échate al mar, se echaría.

22Todo cuanto en la oración pidáis con fe, lo conseguiréis. Los poderes de Jesús.

23Después que entró en el templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los notables del pueblo mientras estaba enseñando; y le preguntaron: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado ese poder?

24Jesús a su vez les dijo: Yo también voy a haceros una pregunta; y, si me dais la respuesta, os diré con qué autoridad hago estas cosas.

25¿De dónde provenía el bautismo de Juan? ¿De Dios o de los hombres? Ellos discurrían entre sí: Si decimos que de Dios, nos replicará: Pues, ¿por qué no habéis creído en él?

26Si decimos que de los hombres, hemos de temer algo de la gente, porque todos tienen a Juan como a un enviado de Dios.

27Y respondieron a Jesús: No lo sabemos. Pues tampoco os digo yo, les replicó Jesús, con qué autoridad hago estas cosas. Parábola de los dos hijos enviados a la viña.

28¿Qué os parece? Había un padre que tenía dos hijos; y se llegó al mayor para decirle: Hijo mío, vete hoy a trabajar a la viña.

29El le respondió: Voy, señor, pero no fue.

30Y, dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo; y éste le respondió: No quiero; pero luego, arrepentido, se fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? El último, le respondieron. Díjoles Jesús: Os aseguro que los publicanos y las meretrices os llevan la delantera en el reino de los cielos.

32Porque se os presentó Juan predicándoos la práctica de la virtud, y no tuvisteis fe en él; en cambio los publicanos y las meretrices le obedecieron. Vosotros ni siquiera ante este ejemplo habéis cambiado de actitud determinándoos por fin a dar crédito a sus palabras. Parábola de los viñadores homicidas.

33Escuchad otra parábola: Había un hacendado que plantó una viña; la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y levantó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó a lejanas tierras.

34Cuando se acercaba el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los viñadores para que percibiesen la renta.

35Pero los viñadores, poniendo las manos en los criados, llenaron de golpes a unos, degollaron a otros y apedrearon a los demás.

36De nuevo les envió otros criados en mayor número; y los trataron de la misma manera.

37Por fin les envió su propio hijo, pensando que lo respetarían;

38pero los viñadores, al verlo, se dijeron entre sí: Es el heredero. ¡Ea, vamos a matarlo y nos haremos con su herencia!

39Y, asiéndole, lo sacaron fuera de la viña y lo asesinaron.

40Cuando regrese, pues, el amo de la viña, ¿qué va a hacer con estos viñadores?

41Les dará una muerte afrentosa, le respondieron, por tratarse de unos malvados; y arrendará la viña a otros viñadores que le paguen la renta a su tiempo.

42Díjoles Jesús: ¿No habéis leído nunca en las escrituras: La piedra que rechazaron los constructores, vino a convertirse en piedra angular. Obra es ésta del Señor; es como un milagro ante nuestros ojos?

43Por eso os digo: Se os arrebatará el reino de Dios y se entregará a un pueblo que le hará producir sus frutos.

44Y el que caiga sobre esta piedra, se estrellará; y aquel sobre quien ella cayere, quedará aplastado.

45Los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que habían escuchado sus parábolas, se dieron cuenta de que se refería a ellos;

46pretendieron apoderarse de él, pero no se atrevieron por miedo a la gente, que lo miraba como a un enviado de Dios.

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