Marcos 5
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Jesús cura al endemoniado de Gerasa. Llegaron al otro lado del mar, a la región de los Gerasenos.
2Y, apenas saltó de la barca, vino a su encuentro un hombre, poseído del espíritu impuro, que había salido de unos sepulcros,
3donde tenía su morada. Nadie podía sujetarlo ni con cadenas;
4pues, aunque muchas veces lo habían cargado con grillos y cadenas, había destrozado los grillos y hecho saltar en pedazos las cadenas; y no había quien lo pudiera dominar.
5Día y noche andaba de continuo por los sepulcros y por los montes, dando alaridos y golpeándose con piedras.
6Cuando vio, pues, de lejos a Jesús, vino corriendo y se postró ante él;
7y, lanzando un espantoso alarido, exclamó: ¿Para qué te metes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Por Dios te conjuro, no me martirices.
8Jesús le había dicho: Espíritu impuro, sal de este hombre.
9Y le preguntó: ¿Qué nombre tienes? Me llamo Legión, le respondió, porque somos muchos.
10Y le suplicaban con ahínco que no los arrojase fuera de aquella región.
11Había allí, paciendo por el monte, una gran piara de puercos;
12y le hicieron esta súplica: Envíanos a los puercos.
13Y Jesús se lo permitió. Con lo cual, los espíritus impuros entraron en los puercos; y la piara, que llegaría a unas dos mil cabezas, corrió con gran furia a precipitarse por una pendiente en el mar, pereciendo todos ahogados.
14Los porquerizos se dieron a la fuga y llevaron la noticia a la ciudad y a los caseríos, con lo que la gente corrió a ver lo que había sucedido.
15Llegando a donde estaba Jesús, encontraron sentado, cubierto con sus vestidos y en su sano juicio, al que había estado poseído por toda aquella legión de demonios, y quedaron llenos de temor.
16Los que habían sido testigos les contaban con todo detalle lo que había sucedido con el endemoniado y con los puercos;
17y comenzaron a rogar a Jesús que se alejase de su tierra.
18Ya se había metido Jesús en la barca, cuando vino el que había estado poseído del demonio a rogarle que lo admitiese en su compañía;
19pero Jesús no se lo permitió. Vete a tu casa a los tuyos, le dijo: y cuéntales la gran merced que te ha hecho el Señor compadeciéndose de ti.
21Resurrección de la hija de Jairo y curación de la hemorroísa. Apenas había Jesús ganado en barca la orilla opuesta, se agolpó de nuevo a su alrededor una gran muchedumbre de gente. El estaba todavía en la orilla del mar.
22Y se le presentó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, quien, al verlo, se arrojó a sus pies;
23y con la mayor insistencia le hizo esta súplica: Mi hija se está muriendo. Ven a imponer tus manos sobre ella para que recobre la salud y no muera.
24Y marchó Jesús con él, seguido de una gran muchedumbre, que lo apretujaba por todas partes.
25Una mujer, que padecía flujo de sangre desde hacía doce años,
26y que había sufrido no poco a manos de muchos médicos, gastando toda su hacienda sin provecho alguno y yendo cada vez peor,
27cuando se enteró de lo que se decía de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y tocó su vestido.
28Porque decía para sí: Con sólo que toque su vestido, me curaré.
29Y al instante cesó la hemorragia y notó en su cuerpo que estaba curada de su enfermedad.
30Y Jesús, sintiendo en seguida que su virtud curativa había obrado al exterior, se volvió en medio de la muchedumbre, y preguntó: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
31Sus discípulos le contestaron: Estás viendo cómo la multitud te apretuja por todas partes, ¿y preguntas quién te ha tocado?
32Volvió Jesús a mirar a todos lados para dar con la que así había procedido;
33y la mujer, que se daba cuenta de lo que le había pasado, temblando de miedo, vino a echarse a sus pies y a confesar toda la verdad.
34Jesús le dirigió estas palabras: Hija mía, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda libre de tu enfermedad.
35Aún estaba él hablando, cuando al jefe de la sinagoga le vinieron con esta noticia: Tu hija ha muerto; no molestes ya al maestro.
36Pero Jesús, que oyó las palabras que habían dicho, dijo al jefe de la sinagoga: No te apures; ten sólo fe.
37Y sin permitir que lo acompañase nadie, sino únicamente Pedro, Santiago y el hermano de éste, Juan,
38se llegó a la casa del jefe de la sinagoga. Allí vio Jesús el gran alboroto que armaba la gente llorando y dando gritos;
39y, una vez dentro, les dijo: ¿A qué vienen este ruido y estas lamentaciones? La niña no está muerta; está durmiendo.
40Y hacían burla de él. Pero Jesús hizo salir a todos fuera; y, acompañado de los padres y de los que con él habían venido, entró a donde yacía la niña.
41La tomó de la mano y exclamó: ¡Talitha qum!, que quiere decir: Niña, yo te lo mando, levántate.
42Inmediatamente la niña se puso en pie y echó a andar (tenía doce años), con lo que quedaron fuera de sí de admiración y de entusiasmo.
43Jesús les recomendó encarecidamente que no se enterase nadie de lo ocurrido, y mandó que diesen de comer a la niña.