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Marcos 4

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Parábola del sembrador. Comenzó de nuevo a enseñar a orillas del mar. Y acudió tanta gente que tuvo que entrar en una barca, sentarse en ella y alejarse de la orilla, mientras la muchedumbre permanecía en tierra a lo largo de la ribera.

2Y les instruía en muchas cosas por medio de parábolas; y, siguiendo el método que tenía de enseñar, les dijo:

3Escuchad: Salió un sembrador a sembrar;

4y, al sembrar, parte de la semilla cayó en el camino; vinieron los pájaros y se la comieron.

5Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no había apenas tierra; y brotó en seguida, por no ser profunda la tierra;

6pero, en cuanto salió el sol, se agostó, y por no haber echado raíces, se secó.

7Otra parte cayó entre espinos; pero crecieron éstos y la ahogaron antes de que pudiese dar fruto.

8Y otra parte cayó en tierra buena; y brotó y fue subiendo y creciendo, produciendo hasta treinta, sesenta y ciento por uno.

9Y añadía: El que tenga entendimiento que discurra.

10Explicación de la parábola del sembrador. Cuando se quedó a solas, los doce junto con los que le rodeaban le preguntaron por el significado de la parábola.

11Y él les contestó: A vosotros se os ha concedido conocer el misterio del reino de Dios; pero a los demás, a los de fuera, se les dice todo en parábolas

12para que: mirando y remirando, no lo vean; y a pesar de que lo oigan perfectamente, no lo entiendan; no sea que se conviertan y alcancen el perdón.

13Y les dijo: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender todas las demás?

14El sembrador va sembrando la palabra.

15Unos son como el grano que cae en el camino donde se siembra la palabra. No han hecho más que oírla cuando viene Satanás y les arrebata la palabra que se sembró en sus corazones.

16Asimismo otros son como el grano sembrado en terreno rocoso. Una vez que oyen la palabra, la reciben desde luego con gozo;

17pero no tienen raíces y son inconstantes. Y, apenas sobreviene la adversidad o la persecución por la palabra, sucumben en seguida.

18Otros son como lo sembrado entre espinos. Oyen, sí, la palabra;

19pero entran luego de por medio los afanes mundanos, la seducción de las riquezas y todos los demás apetitos desordenados, y ahogan la palabra sin dejarle dar fruto.

20Y finalmente otros son como lo sembrado en tierra buena. Estos escuchan y reciben la palabra y dan fruto: quién treinta, quién sesenta, quién ciento.

21Parábola de la lámpara. Interés por conocer el reino de Dios. Y les decía: ¿Se tiene acaso la lámpara para meterla bajo el celemín o bajo la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?

22Porque no hay nada oculto sino para ser descubierto, ni nada escondido sino para ser puesto a la luz del día.

23El que tenga entendimiento que discurra.

24Y les decía: Atended a lo que oís. En la medida con que midiereis, seréis medidos por Dios, y medidos con creces.

25Porque al que tiene, Dios dará; y al que no tiene, aun aquello que tiene, quitará.

26Parábola de la semilla que crece por sí sola. Y decíales también: Sucede con el reino de Dios como con un hombre que siembra la semilla en la tierra.

27Ya duerma, ya vele todo el día, el grano germina y va creciendo, sin que él se dé cuenta.

28Porque la tierra da fruto por su propio impulso; primero la hierba, luego la espiga y por último el grano macizo en la espiga.

29Parábola del grano de mostaza. Y, cuando el fruto está maduro, echa mano de la hoz, porque ha llegado ya el tiempo de la siega.

30Y proseguía diciendo. ¿A qué compararemos el reino de Dios?

31Es como el grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es el más pequeño de todos los granos;

32pero, una vez sembrado, va creciendo hasta hacerse la mayor de todas las hortalizas; y echa ramas tan grandes que a su sombra pueden cobijarse aves del cielo.

33Conclusión sobre la enseñanza parabólica del reino de Dios. Con otras muchas parábolas por el estilo y según la capacidad que tenían, les iba proponiendo la doctrina evangélica;

34y no les dirigía la palabra sino por parábolas. A sus discípulos, sin embargo, se las explicaba todas aparte.

35La tempestad calmada por Jesús. Aquel mismo día, llegada la tarde, les dijo: Pasemos a la otra orilla.

36Y, después que hubo despedido a la multitud, lo llevaron, tal como estaba, en la barca; al mismo tiempo les acompañaban algunas otras.

37Luego se levantó un fuerte huracán y las olas pegaban tan recio contra la barca que se iba llenando de agua;

38mientras tanto, él estaba durmiendo en la popa sobre un cabezal. Y lo despertaron, gritándole: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

39Y, una vez que se hubo despertado, increpó al viento y dijo al mar: Calla; estáte en silencio. Y se calmó el viento y sobrevino gran bonanza.

40Entonces les dijo: ¿Por qué tenéis tanto miedo? ¡Qué poca confianza tenéis!

41Y, espantados, se preguntaban unos a otros. Pero ¿quién es éste? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!

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