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Marcos 11

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1IV. Ministerio mesiánico de Jesús en Jerusalén (11-13) Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Según se iban acercando a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania en el monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos

2con este recado: Id a esta aldea que está enfrente; y, en seguida de entrar, encontraréis atado un pollino, que no ha sido nunca montado por nadie. Soltadlo y traedlo.

3Si alguno os pregunta qué estáis haciendo, le decís: El Señor lo necesita; pero sin tardar os lo devolverá de nuevo acá.

4Y se dirigieron allá y encontraron atado un pollino junto a una puerta en la parte de fuera, en el camino, y lo soltaron.

5Algunos que estaban allí les preguntaron: ¿Qué hacéis soltando el pollino?

6Ellos les respondieron como Jesús les había mandado, y les dejaron soltarlo.

7Trajeron el pollino a donde estaba Jesús; y, después de aparejarlo con sus mantos, hicieron sentarse a Jesús encima.

8Muchos alfombraban el camino con sus mantos; algunos lo hacían con follaje que traían del campo;

9y la multitud que iba delante y la que seguía detrás, iba gritando: ¡Hosanna! ¡Bendito sea del Señor el que viene!

10¡Venturoso el reino que llega ya de nuestro padre David! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!

11Así entró en Jerusalén y en el templo; y, una vez que lo hubo inspeccionado todo, como ya se hacía tarde, salió para Betania con los doce.

12Maldice Jesús una higuera. Al otro día, al salir de Betania, sintió hambre.

13Y, viendo de lejos una higuera que tenía hoja, se dirigió allá por si encontraba algún higo; pero no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.

14Y, tomando la palabra, exclamó: Nunca jamás pruebe nadie tus frutos. Y estaban sus discípulos oyéndole.

15Expulsa Jesús a los mercaderes del templo. Y llegaron a Jerusalén. Y, entrando en el templo, comenzó Jesús a expulsar a los vendedores y compradores que allí se encontraban, y a derribar las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.

16Y se opuso a que anduvieran por el templo transportando objetos.

17Al mismo tiempo les dio esta lección: ¿No dice la escritura: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Pero vosotros la habéis convertido en guarida de ladrones.

18Y llegó esto a oídos de los jefes de los sacerdotes y escribas, y buscaban algún medio para hacerlo desaparecer; pero no se atrevieron con él, porque toda la gente estaba maravillada de su doctrina.

19Y, después que se hizo tarde, salió de la ciudad.

20Poder de la fe. A la mañana siguiente, según pasaban por allí cerca, repararon en cómo la higuera se había secado de raíz.

21Pedro hizo memoria y dijo a Jesús: Maestro, mira cómo se ha secado la higuera contra la que lanzaste tu maldición.

22Tened fe en Dios, les respondió Jesús.

23Si alguno dice a este monte: «Quítate y tírate al mar»; y, sin dudar en su corazón, cree que ha de suceder lo que dice, yo os aseguro que eso sucederá.

24Por esto os digo: Creed que habéis recibido ya todo lo que pedís en la oración, y lo conseguiréis.

25Y, cuando estéis rezando, si tenéis alguna cosa contra alguien, perdonadle primero, para que vuestro Padre celestial os perdone también vuestros pecados.

27Discusión sobre la autoridad de Jesús. Y llegaron de nuevo a Jerusalén; y, cuando estaba Jesús paseando por el templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, escribas y notables del pueblo

28para preguntarle: ¿Con qué autoridad haces tú estas cosas? ¿O quién te ha dado poder para hacerlas?

29Jesús les respondió así: También yo os voy a proponer una pregunta. Si me la respondéis, os diré con qué autoridad hago estas cosas.

30¿De dónde procedía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres? Respondedme.

31Ellos razonaban por lo bajo de esta manera: Si decimos que de Dios, nos replicará: ¿Por qué, pues, no creísteis en él?

32Pero, ¿si decimos que de los hombres...? Tenían miedo a la gente. En verdad todos tenían la convicción de que Juan había sido realmente un enviado de Dios.

33Y así respondieron a Jesús: No lo sabemos. Jesús les replicó: Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

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