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Marcos 10

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1III. Jesús Mesías, camino de Jerusalén (10) Indisolubilidad del matrimonio. Y, partiendo de allí, llegó a la región de Judea y a la otra parte del Jordán. Se le fue de nuevo juntando un gran gentío en el camino; y, según su costumbre, los estuvo instruyendo una vez más.

2Los fariseos, queriendo poner a prueba su sabiduría, vinieron a proponerle la cuestión de si puede el marido repudiar a la mujer.

3Jesús les preguntó: ¿Qué os mandó Moisés?

4Moisés, le respondieron, permitió extender un certificado de divorcio para poder así repudiar a la mujer.

5Pero Jesús les dijo: El que Moisés os diera esa ley, se debió a vuestra obstinación y a vuestras pasiones.

6Pero desde el principio de la creación «los hizo Dios varón y hembra;

7y por esto dejará el hombre a su padre y a su madre.

8Y serán los dos una sola persona. De manera que no son dos sino una sola persona».

9El hombre, por consiguiente, no separe lo que Dios unió.

10Luego, una vez en casa, los discípulos, como solían, le consultaron sobre el mismo punto.

11Y Jesús les dijo: El que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio respecto de la primera.

12Y, s i una mujer se separa del marido y se casa con otro, comete también adulterio.

13Jesús bendice a los niños. Querían luego presentarle unos niños para que les impusiera las manos. Pero los discípulos se molestaron y trataron de apartarlos.

14Jesús, al ver aquello, lo llevó muy a mal y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí; y no lo prohibáis; porque el reino de Dios es de los que son como ellos.

15Os aseguro que quien no reciba la doctrina del reino de Dios con las disposiciones de un niño no podrá entrar en él.

16Y, tomándolos en sus brazos, los fue bendiciendo, poniendo su mano sobre ellos.

17Jesús y el joven rico. Y, al salir para ponerse en camino, vino corriendo hacia él un hombre que, poniéndose de rodillas, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?

18¿Por qué, le dijo Jesús, me llamas bueno? No hay ninguno bueno fuera de Dios.

19Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraude alguno, honrarás a tu padre y a tu madre.

20Maestro, le dijo, todo esto lo vengo cumpliendo desde mi juventud.

21Jesús, fijando en él sus ojos, quedó prendado de él y le dijo: Una cosa te falta todavía; vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; tendrás así un tesoro en el cielo. Luego sígueme.

22Al oír estas palabras, frunció el ceño y se alejó lleno de tristeza. Poseía muchos bienes de fortuna.

23Las riquezas son obstáculo para el reino de Dios. Dirigiendo Jesús la mirada a sus discípulos, exclamó: ¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que poseen riquezas!

24Al escuchar tales palabras, quedaron asombrados los discípulos. Pero Jesús recalcó de nuevo. Hijos míos, ¡qué difícil es que los que ponen su corazón en las riquezas entren en el reino de Dios!

25Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios.

26Más espantados todavía, se preguntaban unos a otros: Entonces ¿quién se va a poder salvar?

27Jesús fijó en ellos su mirada y exclamó: Para los hombres, imposible; pero no para Dios. Porque todas las cosas son posibles para Dios.

28Premio a la pobreza practicada por amor a Cristo. Aprovechó Pedro la ocasión para decirle: Ya ves que nosotros hemos renunciado a todas las cosas por seguirte a ti.

29Os digo con toda verdad, les respondió Jesús: Nadie que haya dejado casa o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o campos por amor a mí y por amor al evangelio,

30quedará sin recibir cien veces más, ahora ya en este mundo, en casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y campos, aunque sea con persecuciones, y en el otro mundo la vida eterna.

31Muchos que son los primeros serán los últimos; y los últimos serán los primeros.

32Tercer anuncio de la pasión. Mientras iban de camino subiendo hacia Jerusalén, Jesús precedía a sus discípulos; éstos iban consternados; los demás les seguían llenos de temor. Y, tomando de nuevo aparte a los doce, comenzó a declararles lo que le iba a suceder después.

33Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado en manos de los jefes de los sacerdotes y de los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos;

34y se burlarán de él y le escupirán, y lo azotarán y le darán muerte; ahora que al tercer día resucitará.

35Ambición de Santiago y de Juan. Y se acercaron Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, para decirle: Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.

36¿Qué queréis que os conceda?, les preguntó Jesús.

37Haz, le dijeron, que nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria.

38No sabéis lo que pedís, les dijo Jesús. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber o recibir el bautismo con que yo he de ser bautizado?

39Sí, podemos, le respondieron. Y Jesús continuó: Cierto que beberéis el cáliz que yo he de beber, y que recibiréis el bautismo que yo he de recibir.

40Pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no está en mi mano concederlo. Esos lugares serán para quienes Dios los ha destinado.

41Jesús recomienda la humildad. Cuando los otros diez se enteraron de esto, llevaron muy a mal la petición que habían hecho Santiago y Juan.

42Sabéis que los que son tenidos por jefes de los pueblos los gobiernan tiránicamente, y que los poderosos los oprimen con injusticias.

43No tiene que ser así entre vosotros. El que quiera ser el mayor, que sea vuestro servidor;

44y el que quiera ser el primero, que sea esclavo de todos.

45Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos.

46Curación de Bartimeo, el ciego de Jericó. Después de esto llegaron a Jericó. Y, según salía Jesús de allí acompañado de sus discípulos y de mucha gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo, el hijo de Timeo, se encontraba sentado junto al camino.

47Al enterarse que era Jesús de Nazaret, comenzó a dar voces: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.

48Muchos le increpaban para que callase, pero él levantaba más fuerte la voz: Hijo de David, ten compasión de mí.

49Jesús se detuvo y mandó que lo hicieran venir. Y llamaron al ciego, diciéndole: Animo, levántate, que él te llama.

50Arrojó entonces su manto, dio un salto y se vino hasta Jesús.

51Dirigióle Jesús la palabra, preguntándole: ¿Qué quieres que haga por ti? Maestro, le respondió el ciego, haz que vea.

52Anda, le dijo Jesús, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista y fue siguiendo a Jesús camino adelante.

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