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Lucas 10

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Misión de los setenta y dos discípulos. Después de esto, señaló el Señor otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí por todas las aldeas y lugares que iba a visitar.

2Y les dijo: La mies es mucha, pero los trabajadores pocos. Rogad, pues, al señor de la mies que envíe trabajadores a su mies.

3Marchad; pero mirad que os envío como ovejas entre lobos.

4No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

5En cualquier casa donde entréis, comenzad con este saludo: La paz sea en esta casa.

6Y, si merecen la paz, que vuestra paz los inunde; si no, que vuestra paz se quede con vosotros.

7Permaneced en aquella casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero bien merece su jornal. No andéis de casa en casa.

8En cualquier ciudad donde entréis y os ofrezcan sincera acogida, comed lo que os pongan delante.

9Devolved la salud a los enfermos que allí haya; y decidles: El reino de Dios está ya entre vosotros.

10Pero, en cualquier ciudad donde entréis y no os quieran recibir, salid a las plazas y gritad:

11Hasta el polvo que de vuestra ciudad se nos ha pegado a los pies, lo sacudimos contra vosotros. Sabed con todo que el reino de Dios está ya cerca.

12Os aseguro que en aquel día Sodoma será tratada con menos rigor que aquella ciudad. /par

13Invectivas de Jesús contra las ciudades incrédulas. ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran realizado los milagros que en vosotras se han obrado, hace ya mucho tiempo que se habrían arrepentido y hecho penitencia, cubiertos de cilicio y ceniza.

14Por eso Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que vosotras en el día del juicio.

15Y tú, Cafarnaum, ¿quieres encumbrarte hasta el cielo? Hasta el infierno te verás hundida.

16El que a vosotros escucha, a mí me escucha; y el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia. Y quien a mí me desprecia, desprecia a aquel que me envió. /par

17El regreso de los setenta y dos discípulos. Volvieron los setenta y dos llenos de gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten cuando invocamos tu nombre.

18Jesús les respondió: Y yo estaba viendo a Satanás, que caía del cielo como un rayo.

19Veis que os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y pisotear todo el poder del enemigo, sin sufrir daño alguno.

20Pero os debéis alegrar, no porque se os sometan los demonios, sino porque vuestros nombres están escritos en el cielo. /par

21El evangelio revelado a los pequeños. El Padre y el Hijo. /par En aquel momento se sintió Jesús inundado de gozo por la acción del espíritu santo, y exclamó: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra; porque has escondido estas cosas a sabios y prudentes, y las has dado a conocer a los pequeños. Sí, Padre, porque ésa ha sido tu voluntad.

22Todas las cosas ha puesto el Padre en mis manos. Nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera darlo a conocer.

23Y, dirigiéndose a los discípulos en secreto, les dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis.

24Os aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. /par

25El gran precepto. Levantóse una vez un doctor de la ley con ánimo de tentarle y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?

26Jesús a su vez le preguntó: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué se lee allí?

27Y respondió: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo.

28Bien has respondido, dijo Jesús. Haz eso y vivirás.

29Pero el otro, queriendo justificar la pregunta que había hecho, hizo esta otra a Jesús: Y ¿quién es mi prójimo? /par

30Parábola del buen samaritano. Tomando Jesús la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones que, después de apalearlo y despojarlo de todo, se marcharon, dejándolo medio muerto.

31Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote; y, aunque lo vio, pasó de largo.

32Igualmente un levita, que iba por el mismo sitio y lo vio, pasó adelante.

33Pero pasó por allí un samaritano que iba de camino; y, cuando lo vio, se movió a compasión.

34Se llegó a él, le vendó las heridas, lavándoselas con aceite y vino; y, montándolo en su propia cabalgadura, lo condujo a una posada, atendiéndolo con toda solicitud.

35Al día siguiente sacó dos denarios para entregárselos al posadero, y le dijo: Ten cuidado de él. Si gastas algo más, ya te lo abonaré a mi vuelta.

36¿Quién de estos tres te parece que se portó como prójimo con el que cayó en manos de los ladrones?

37Aquel, respondió el doctor, que practicó la caridad con él. A lo que contestó Jesús: Anda y haz tú lo mismo. /par

38Marta y María. Según iban de camino, entró Jesús en una aldea, donde una mujer llamada Marta le hospedó en su casa.

39Tenía ella una hermana, llamada María. Esta, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras,

40mientras los mil cuidados del hospedaje absorbían la atención de Marta. Plantóse, pues, ésta ante Jesús y le dijo: Señor, mira que mi hermana me deja sola en los quehaceres. Dile que me ayude.

41Marta, Marta, le respondió Jesús, te preocupas y te apuras demasiado por muchas cosas.

42Pocas son necesarias, o mejor, basta una sola. María ha escogido la mejor parte y no se verá privada de ella. /par

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