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2 Corintios 4

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Pablo actúa con sinceridad en su ministerio. Por eso, investidos por la misericordia de Dios de este ministerio, no sentimos desfallecimiento;

2renunciamos a todo encubrimiento vergonzoso del evangelio; procedemos sin astucia y sin adulterar la palabra de Dios; y, dando a conocer la verdad, nos encomendamos al juicio de toda humana conciencia, en la presencia de Dios.

3Si, con todo, nuestro evangelio queda cubierto como por un velo, queda así encubierto para los que van camino de perdición;

4para aquellos cuyos entendimientos incrédulos cegó el dios del «eón» presente, para que no vean brillar la luz del mensaje evangélico sobre la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.

5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino que predicamos a Cristo Jesús como Señor; y nos presentamos a vosotros como esclavos por Jesús.

6El mismo Dios que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, ha hecho brillar en nuestros corazones la luz, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.

7Expone las tribulaciones y la fortaleza cristiana del ministro del evangelio. Pero llevamos este tesoro en vasos de barro. Así es evidente que la sublime eficacia del evangelio es de Dios, y que no proviene de nosotros.

8Somos apretados por todas partes, pero no reducidos al último extremo; apurados, pero no desesperados;

9acosados, pero no abandonados a nosotros mismos; derribados, pero no perdidos;

10llevando siempre en nosotros de una parte a otra el sufrimiento mortal de Jesús para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros.

11Y así es. Mientras vivimos, estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.

12Así pues, en nosotros va trabajando la muerte; en vosotros, la vida.

13Pero, como somos impulsados por el mismo poder de la fe, como dice la escritura: Creí; por eso hablé; también nosotros creemos, y también por eso hablamos.

14Y sabemos que aquel que resucitó a Jesús, nos resucitará también con Jesús y nos hará aparecer en su presencia en vuestra compañía.

15Porque todo esto es por vosotros, para que la gracia de Dios, difundida en el mayor número de fieles, multiplique las acciones de gracias para gloria de Dios.

16Por este motivo no sentimos desfallecimiento. Al contrario, mientras nuestro hombre exterior se va destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando de día en día.

17Y así es en efecto. Esta nuestra tribulación, momentánea y ligera, nos va produciendo un peso eterno de gloria, incalculable sobre toda ponderación.

18Y nosotros no tomamos en consideración las cosas que se ven, sino las que no se ven. Que las cosas que se ven son temporales; las que no se ven, eternas.

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