2 Corintios 3
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›12.º) Pablo ensalza su ministerio apostólico (3,1-6,10) Pablo presenta sus cartas de recomendación. ¿Volvemos otra vez (con esos elogios) a hacer nuestra propia recomendación? ¿O es que nos hacen falta, como a algunos, cartas de recomendación para vosotros o de vuestra parte?
2Nuestra carta de recomendación sois vosotros mismos, carta escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres.
3Todo el mundo sabe que sois carta de Cristo, redactada por nosotros, escrita no con tinta sino con el espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas que son vuestros corazones de carne.
4El ministerio evangélico es más glorioso que el de Moisés. Tales son la seguridad y confianza que tenemos por Cristo ante Dios.
5No es que por nosotros mismos tengamos capacidad para apropiarnos algo a nuestra cuenta, como si hubiese salido de nosotros, no. Nuestra capacidad viene de Dios.
6El nos capacitó verdaderamente para ministros de la nueva alianza; alianza fundada no en la letra sino en el espíritu. Que la letra mata, pero el espíritu da vida.
7El régimen de la ley que mata, y que fue grabada con letras en piedra, fue glorioso; y de tal modo, que ni podían fijar la vista los israelitas en el rostro de Moisés por la gloria de su rostro, que se ha ido desvaneciendo.
8Ahora bien, en su comparación, ¿cuánto más glorioso será el régimen del espíritu?
9Así es. Que si hubo gloria en el régimen que lleva a la condenación, con mayor razón hay profusión de gloria en el régimen que conduce a la justificación.
10Y, en verdad, lo que en aquel caso fue gloria, no es tal en comparación con ésta, tan profusa y radiante.
11Si lo perecedero fue como un rayo de gloria, con más razón lo imperecedero será un luminar de gloria.
12Pablo actúa con libertad y autoridad en su ministerio. Estando, pues, en posesión de una esperanza tan grande, procedemos con toda valentía y decisión.
13Y no procedemos como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, hasta el punto de no contemplar los hijos de Israel lo que era el fin de lo perecedero,
14quedando cegados sus entendimientos. Y, en verdad, continúa hasta hoy el mismo velo en la lectura de la antigua alianza; y no se descorre, porque sólo con Cristo queda removido.
15Y más aún, hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés, persiste un velo tendido sobre sus corazones.
16Mas cuando se vuelvan al Señor, será corrido el velo.
17El Señor es espíritu; y donde está el espíritu del Señor, está la libertad.
18Y todos nosotros, reflejando como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su misma imagen, hacia una gloria siempre mayor, por la acción del Señor, que es espíritu.