Salmos 42
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›141:2 Como anhela la cierva corrientes de agua, así, mi alma te anhela a ti, oh Dios.
241:3 Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
341:4 Mis lágrimas son mi pan noche y día, mientras todo el día me repiten: ¿Dónde está tu Dios?
441:5 Recordándolo, me desahogo conmigo: ¡cómo entraba en el recinto, cómo avanzaba hasta la casa de Dios, entre gritos de júbilo y acción de gracias, en el bullicio festivo!
541:6 ¿Por qué estás abatida, alma mía, por qué estás gimiendo? Espera en Dios, que aún le darás gracias: Salvador de mi rostro,
641:7 Dios mío. Cuando mi alma se angustia, entonces te recuerdo, pequeña Colina, desde el Jordán y el Hermón.
741:8 Una sima grita a otra sima con fragor de cascadas: tus oleadas y tus olas me han arrollado.
841:9 De día el Señor me brinda su amor, de noche me acompaña su canción, la canción al Dios de mi vida.
941:10 Diré: ¡Oh Dios, Roca mía!, ¿por qué me has olvidado? ¿por qué he de andar cabizbajo, acosado por el enemigo?
1041:11 Por el quebranto de mis huesos se burlan mis adversarios; todo el día me repiten: ¿Dónde está tu Dios?
1141:12 ¿Por qué estás abatida, alma mía, por qué estás gimiendo? Espera en Dios, que aún le darás gracias: Salvador de mi rostro, Dios mío.