Salmos 28
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›127:1 A ti, Señor, te invoco. Roca mía, no te hagas el sordo; que si enmudeces seré como los que bajan al sepulcro.
227:2 Escucha mi voz suplicante cuando te pido auxilio, cuando levanto las manos hacia tu templo sagrado.
327:3 No me arrastres con los malvados, ni con los malhechores: saludan con la paz al prójimo y con malicia en el corazón.
427:4 Dales lo que merecen sus obras y la maldad de sus actos, dales según la obra de sus manos, devuélveles lo que se merecen.
527:5 Como no entienden las proezas de Dios, ni la acción de sus manos, ¡que él los derribe y no los reconstruya!
627:6 ¡Bendito sea el Señor que escuchó mi voz suplicante!
727:7 El Señor es mi fuerza y mi escudo: en él confía mi corazón. Me socorrió y mi corazón se alegra; le doy gracias con mi cántico.
827:8 El Señor es mi baluarte y refugio, el salvador de su Ungido.
927:9 Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, guíalos y sostenlos siempre.