Proverbios 5
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Hijo mío, haz caso de mi experiencia, pon atención a mi inteligencia:
2así sabrás ser discreto y tus labios guardarán el saber.
3Los labios de la ramera destilan miel y su paladar es más suave que el aceite;
4pero al final es más amarga que el ajenjo y más cortante que puñal de doble filo;
5sus pies bajan a la Muerte y sus pasos se dirigen al Abismo;
6no sigue el camino de la vida, sus sendas se extravían sin que se dé cuenta.
7Por tanto, hijos, escúchenme y no se aparten de mis consejos:
8aleja de ella tu camino y no te acerques a la puerta de su casa,
9no vayas a dar a extraños tu honor ni tu dignidad a gente despiadada;
10no se sacien con tu vigor gente extraña y tus fatigas vayan a parar en casa de un desconocido.
11Gemirás cuando te llegue el desenlace y se consuma la carne del cuerpo.
12Entonces dirás: ¿Por qué aborrecí la corrección y mi corazón despreció la reprimenda?
13¿Por qué no hice caso a mis maestros ni presté oído a mis educadores?
14Por poco llego al colmo de la desgracia, en medio de la asamblea reunida.
15Bebe agua de tu propia fuente, bebe a chorros de tu pozo.
16No derrames por la calle tu manantial ni tus arroyos por las plazas;
17sean para ti solo, sin compartirlos con extraños.
18Sea tu fuente bendita, goza con la esposa de tu juventud:
19cierva querida, gacela hermosa, que siempre te embriaguen sus caricias, que constantemente te deleite su amor.
20¿Por qué, hijo mío, te ha de deleitar la ramera o has de estrechar el seno de la extraña?
21Los caminos humanos están bajo la mirada de Dios, él vigila todas sus sendas.
22Sus propias culpas enredan al malvado y queda preso en las redes de su pecado;
23muere por falta de corrección, su enorme insensatez lo perderá.