Jeremías 30
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Palabras que dirigió el Señor a Jeremías:
2–Así dice el Señor: Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho.
3Porque llegarán días –oráculo del Señor–en que cambiaré la suerte de mi pueblo, Israel y Judá, dice el Señor, y los volveré a llevar a la tierra que di en posesión a sus padres.
4Palabra del Señor a Israel y a Judá.
5Así dice el Señor: Gritos de pavor hemos oído, de terror sin sosiego.
6Pregunten y averigüen: ¿Acaso dan a luz los varones? ¿Qué veo? Todos los varones, como parturientas, las manos a las caderas, los rostros desfigurados y pálidos.
7¡Ay! Aquel día será grande y sin igual, hora de angustia para Jacob. Pero saldrá de ella.
8Aquel día –oráculo del Señor Todopoderoso– romperé el yugo de tu cuello y haré saltar las correas; ya no servirán a extranjeros,
9servirán al Señor, su Dios, y a David, el rey que les nombraré.
10Y tú, siervo mío, Jacob, no temas; no te asustes, Israel –oráculo del Señor–, que yo te salvaré del país remoto y a tu descendencia del destierro; Jacob volverá y descansará, reposará sin alarmas,
11porque yo estoy contigo para salvarte –oráculo del Señor–. Destruiré a todas las naciones por donde los dispersé, a ti no te destruiré, te corregiré como mereces y no te dejaré sin castigo.
12Así dice el Señor: Tu fractura es fatal, tu herida no puede sanar,
13no hay quien defienda tu causa vendando tu herida, no hay remedio para tu dolencia.
14Tus amantes te olvidaron y ya no te buscan, porque te derrotó el enemigo con cruel escarmiento; por la cantidad de tus crímenes, por tus muchos pecados.
15¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es insanable; por la cantidad de tus crímenes, por tus muchos pecados te he tratado así.
16Los que te devoran serán devorados, todos tus enemigos irán al destierro, los que te saquean serán saqueados, los que te despojan serán despojados.
17Te devolveré la salud, te sanaré las heridas –oráculo del Señor–. Te llamaban La Abandonada, Sión, por quien nadie pregunta.
18Así dice el Señor: Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, compadecido de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto;
19resonarán allí himnos y rumores de fiesta; los haré crecer y no disminuir, los honraré|| y no serán despreciados.
20Serán sus hijos como antes, asamblea estable delante de mí; castigaré a sus opresores,
21de ella saldrá su príncipe, de ella nacerá su jefe, y yo lo acercaré hasta mí; ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí?
22Ustedes serán mi pueblo, yo seré su Dios, –oráculo del Señor–.
23¡Atención! El Señor desencadena una tormenta, un huracán gira sobre la cabeza de los malvados;
24no se apaga el incendio de la ira del Señor, hasta realizar y cumplir sus designios. Al cabo de los años llegarán a comprenderlo.