Jeremías 14
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1En el tiempo de la sequía, el Señor dirigió la palabra a Jeremías:
2Se enluta Judá, desfallecen sus puertas, se inclinan sombrías, Jerusalén lanza gritos.
3Los nobles envían a sus sirvientes por agua: van a los pozos, no encuentran agua, se vuelven con los cántaros vacíos, se cubren avergonzados la cabeza,
4porque los campos se horrorizan al faltar la lluvia en el país; los labradores se cubren la cabeza defraudados;
5Hasta la cierva pare y abandona su cría en descampado porque no hay pastos;
6los asnos salvajes se paran en las lomas desoladas, aspirando el aire como chacales, con ojos apagados, porque no hay hierba.
7Si nuestras culpas nos acusan, obra, Señor, por tu Nombre, porque son muchas nuestras apostasías, hemos pecado contra ti.
8Esperanza de Israel, salvador en el peligro, ¿por qué te portas como forastero en el país, como caminante que se desvía para pasar la noche?
9¿Por qué te portas como un hombre aturdido, como soldado incapaz de vencer? Tú estás con nosotros, Señor; llevamos tu Nombre, no nos abandones.
10Así responde el Señor a este pueblo: Le gusta mover las piernas, no refrenan sus pasos, pero el Señor no se complace en ellos; ahora recuerda sus culpas y castigará sus pecados.
11El Señor me dijo: No intercedas a favor de este pueblo.
12Si ayunan, no escucharé sus gritos; si ofrecen holocaustos y ofrendas, no los aceptaré; con espada, hambre y peste yo los consumiré.
13Yo respondí: ¡Ay, Señor mío! Mira que los profetas les dicen: No verán la espada, no pasarán hambre, les daré paz duradera en este lugar.
14El Señor me contestó: Mentira profetizan los profetas en mi Nombre; no los envié, no los mandé, no les hablé; visiones engañosas, oráculos vanos, fantasías de su mente es lo que profetizan.
15Por eso, así dice el Señor a los profetas que profetizan en mi Nombre sin que yo los haya enviado: Ellos dicen: Ni espada ni hambre llegarán a este país; pues a espada y de hambre acabarán esos profetas;
16y el pueblo a quien profetizan estará tirado por las calles de Jerusalén a causa del hambre y la espada; y no habrá quien los entierre a ellos y a sus mujeres, a sus hijos e hijas; les echaré encima sus maldades.
17Diles esta palabra: Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche, sin cesar, por la terrible desgracia de la capital de mi pueblo, por su herida insanable.
18Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre; profetas y sacerdotes recorren el país y no logran comprender.
19¿Por qué has rechazado a Judá y sientes asco de Sión? ¿Es que nos has herido sin remedio? Se espera mejoría y no hay bienestar, al tiempo de sanarse sobreviene el espanto.
20Señor, reconocemos nuestra culpa y los delitos paternos; te hemos ofendido.
21Por tu Nombre, no nos rechaces, no desprestigies tu trono glorioso, recuerda tu alianza con nosotros, no la rompas.
22¿Hay acaso entre los ídolos paganos uno que haga llover? ¿Sueltan solos los cielos sus aguaceros? Tú, Señor, eres nuestro Dios, en ti esperamos, porque eres tú quien hace todo eso.